"El o ella nos toman de la mano por primera vez y el recuerdo de ése contacto trasciende el tiempo y sacude cada uno de los átomos de nuestro ser. Nos miran a los ojos y vemos un alma gemela a través de los siglos. El corazón nos da un vuelco, se nos pone la piel de gallina..."
"Puede que no nos reconozcan a pesar de que finalmente nos hayamos encontrado otra vez, aunque nosotros sí sepamos quienes son, sentimos las posibilidades, el futuro. En cambio, el o ella no lo ve, sus temores, su intelecto y sus problemas forman un velo que cubre los ojos de su corazón... sufrimos y nos lamentamos mientras el individuo en cuestión sigue su camino. Tal es la fragilidad del destino."
Brian Weiss, Lazos de Amor.
Recuerdo nítidamente la primera vez que te ví, la certeza instantánea de saberte parte aguas fundamental -parecía una broma- una situación que sólo ocurre en la fantasía, una novela producto del hambre de coincidir... pero no, no fue fantasía; a lo largo del tiempo la premonición se vistió de verdad y todo aquello que no se acercaba siquiera a la posibilidad empezó a rondar.
Pasó un año y medio como un parpadeo que nos dejó las mejillas húmedas -a cada uno por sus propios motivos- supongo que encontrarnos en aquel lúgubre lugar no era un buen augurio...
Ya todo acabó, decidiste que no soy yo y explicarte mi amor es tan ridículo como intentar explicarle el azul a un ciego. Dicen que de amor no muere nadie, yo no lo creo, la muerte llega de muchas formas; aniquilando el futuro, las nuevas vidas probables, la voluntad de que las cosas sucedan, de sobreponerse a los miedos.
Te extraño y voy a extrañarte por mucho tiempo, me hace falta tu mano tomando la mía, tu risa particular, tus besos, tus brazos, tu cuerpo enredado, tu sensibilidad, tu capacidad de observar lo bello y sorprenderte, hablar, callar, andar, ver cómo lavas tus manos -con cuidado como nadie lo hace- tu olor que se convirtió para mí en algo familiar y tranquilizador... son al final las cosas más pequeñas las que se clavan hondo y mastican sin piedad el alma.
Éste es el adiós que tanto temí, ya lo dijiste tú, ahora lo pronuncio yo, los porqués ya no importan...
Te amé con toda mi fe.